lunes, 28 de enero de 2008

Amelia, la abuela que arrasa en la Red


http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2008/435/1201530636.html

Por ELENA PITA. Fotografía de LUIS DE LAS ALAS

Cuando cumplió 95 años, su nieto, que es «muy cutre», le regaló un blog. Ella habla, el nieto teclea y más de un millón de internautas leen. En un año la bitácora en que María Amelia López Soliño vuelca sus inquietudes es un fenómeno que han llegado a premiar en Alemania

Habría de esperar 95 años para que la vida (o Dios) le diera lo que la Historia y su historia le negaron. María Amelia López Soliño es la abuela bloguera que a lo largo del pasado año consiguió comunicarse con los cinco continentes desde una ignota aldea gallega, y que la comunidad internauta eligiera y premiara su blog como el mejor en lengua castellana, según el certamen que organiza la cadena alemana Deutsche Welle: los BOBs (Best Of Blogs). Más de un millón de visitas ha recibido su página, ?0.000 comentarios, 20.500 referencias en Internet.

Pero bajo esta apariencia prodigiosa se esconde una realidad tangible que viene a decir: a) que Internet es un arma poderosísima que, recuerden, hace ?5 años parecía fábula pero que ha cambiado nuestras vidas, y b) que nuestro pasado patrio ha frustrado y truncado la vida de muchos, especialmente de muchas.

María Amelia, ya con 96 años, que ha sido perfilada por los medios de comunicación como una pobre abuela cándida abducida por la telemática como válvula de escape a su soledad, es en realidad una mujer corajuda y presumida. Y el premiado blog, su último intento de imponerse al destino. «Ya me dice mi hermana: ‘María Amelia, tú merecías algo distinto a los demás...’».

La broma del nieto. Todo empezó por una broma de su nieto: «Abuela, entra en el salón, hay alguien que quiere hablarte». Entró y encontró una pantalla, que no era el televisor, donde un señor le hablaba y respondía a sus exclamaciones de incredulidad: «Pero esto qué es, ay, esto es cosa del diablo».

María Amelia, una mujer leída e instruida, sí había oído hablar de Internet, «un adelanto de las comunicaciones y la tecnología que servía para los negocios; una cosa de máquinas». Pero entonces el nieto le enseñó qué utilidad podía tener aquello en la vida de cualquiera: acercar conocimientos, asomarse a cualquier rincón del planeta, hablar con los lugares más recónditos. Y ella: «Ay, pues yo quiero uno».

Dada su proverbial tenacidad, el nieto no tuvo más remedio que facilitarle el acceso a ello, y el día de su cumpleaños le regaló, pues eso, un blog. «¡Un bloc!, ¿y yo para que quiero un bloc?, ya tengo muchas libretas, yo escribo nas miñas libretas».

Juntos (ella habla y él teclea) escribieron las primeras palabras: «Amigos de Internet, hoy cumplo 95 años. Me llamo María Amelia y nací en Muxía (A Coruña) el 23 de diciembre de ?9??. Hoy es mi cumpleaños y mi nieto, como es muy cutre, me regaló un blog. Espero poder escribir mucho y contaros las vivencias de una señora de mi edad». Y su efecto fue como el de una pócima mágica: «Al cabo de un rato tenía más de 2.000 respuestas, desde Holanda, Chile, Japón...».

Entonces tuvo miedo, miedo de que aquello permitiera entrar en su vida a gente con malas intenciones; miedo al alcance de lo desconocido. «Cuando iba para la cama tenía miedo: ¿en qué me voy a convertir yo ahora? ¿Y si me matan? ¿No traerá esto también algún perjuicio?». No en vano, María Amelia López Soliño, de los López Abente, una familia ilustre en Galicia, de escritores (sobrina de Eduardo Pondal), generales y galenos, y de los Soliño, ilustres también, pero en el comercio de Cuba (Ramón Areces fue empleado de su tío, Ramón Soliño, reconocido como el mejor comerciante en la isla anterior al comunismo), había recibido una educación religiosa y burguesa.

Aquella chica de buen ver. Nació en Muxía y se crió en la villa de Corcubión, un pequeño enclave de la Costa da Morte donde siempre se ha cultivado un espíritu ilustrado, receptor de nuevas ideas. Fue hija de una familia con posibles, pero su padre, funcionario de aduanas, nunca le permitió estudiar. Así pues la chica, de buen ver e ideas progresistas, hubo de esperar a que terminara la contienda civil para reunir «el equipo», o sea, ajuar. Se casó a los 32 años con un profesor mercantil sin trabajo por la fama que ella tenía de roja, corredor de seguros y agente de la banca a la postre, que le dio una vida asentada y un único hijo, bancario a su vez y muy instruido. El retoño se casó, tuvo dos hijos y enviudó en la treintena, dejando a María Amelia al cargo de dos nietos y un marido que habría de sobrevivir 20 años a una enfermedad mortal.

Le ocurrió como a la mayoría de los ancianos, que terminó arrumbada en una residencia, pero de nuevo su coraje se impuso y después de ocho años consiguió salir de allí para ir a vivir con su nieto y pasar largas temporadas con familiares y amigos. Pero los años y las artritis, pródigas en una tierra oscura y húmeda como Galicia, le fueron restando movilidad paulatinamente. María Amelia no se resignaba a la soledad de una casa de campo, en una aldea cuyo nombre no debo mencionar, como tampoco el nombre del nieto (política de privacidad), cercana a Pontevedra. Su blog vino a rescatarla de esa soledad que tanto detesta.

Internet, ¿amigo o enemigo? Le pregunto si en realidad se siente a salvo o si no será Internet un disfraz de esa soledad, un placebo para soportarla. Paradójicamente, padres y educadores tienen en la Red al peor enemigo de la sociabilidad de los niños, un virus, que rápido contagia el llamado «aislamiento tecnológico». «De eso nada, es cuestión de saber elegir, saber usarlo: Internet es el mejor profesor que puede tener un niño. Si yo a los ?? años hubiera tenido esto, hoy sabría hablar muchos idiomas, sabría Matemáticas, Geografía, Historia, todo. Yo no fui a un colegio de monjas, porque no lo había en mi pueblo, pero tuve profesores particulares en casa, unas horas al día. Con Internet puedes aprender todo el tiempo que quieras. Internet no te aísla, yo me relaciono con todo el mundo, y aprendo sobre todos los rincones del mundo, me estoy cultivando».

Estamos en los salones del Gran Hotel de La Toja, disfrutando de un té bajo un cielo que también compartimos con las británicas islas, en agradable conversación.

– María Amelia, ¿con cuántas de esas personas se podría ir a tomar un café, de ganchete?, ¿a cuántas ha tocado, olido, visto?, ¿cuántas horas dedica usted a comunicarse en la distancia?

– Yo me tomo el café en casa mientras hablo con los blogueros, y antes no tenía con quien hablar ni a quien escuchar. Navego poco, porque necesito a mi nieto para todo, salvo para leer la prensa. Él se va a trabajar y me deja el ordenador preparado para leer los periódicos y el blog, y me imprime todos los correos, y los leo y releo. Pero claro, se me ocurren muchas cosas y tengo que esperar a que él venga para contestar, porque con el teclado no me entiendo, apenas lo veo, por las cataratas. Me gustaría que enseñara a mi cuidadora a manejarlo, pero no tiene tiempo.

Volver a tener 17 años. Se refiere a Liliana, una colombiana que lleva tres meses con ella, que camina junto a ella como otrora lo hicieron las damas de compañía. También lo está intentando con un micro, pero María Amelia, con su locuacidad, sería capaz de dejarle al nieto tarea grabada para siete noches y sus días. La abuela ha leído sobre un programa informático que reconoce la voz y, erre que erre, no hay quien la convenza de que el invento tiene aún sus limitaciones técnicas.

– María Amelia, ¿cuántos años le gustaría tener?

–Diecisiete.

– ¿No le daría pereza volver a aprenderlo todo, volver a vivirlo?

– No, no, no: mejor lo viviría [se ríe, pícara]. No me pillaban a mí así, tan tontamente: yo fui una imbécil. Y siento mucho no vivir esta época. Lo único que antes era mejor son los alimentos [y lo dice una mujer de muy buen diente, acostumbrada a la buena mesa]. Y el respeto, especialmente a la hora de hablar y, sobre todo, las mujeres, que olvidan la dulzura y dicen palabras soeces, como siempre han dicho los hombres, porque quieren parecer hombres.

– Es lo que tenemos. ¿Para qué entonces quisiera volver a vivir ahora?

– Para ser independiente y que nadie me molestase. Y para no hacer tantos sacrificios.

Yo he sido una infeliz. Y me di cuenta de que me había equivocado nada más casarme. Si me hubiera quedado soltera me hubiera pasado la vida viajando, y empleada, como yo quería. Pero mi padre nunca me dejó, luego tampoco mi marido: la oficina no era para mujeres.

Nació en una familia acomodada y le brotó, no obstante, un espíritu libertario y justiciero que aprendió de un amigo mayor, en Corcubión, «que en vez de estudiar una carrera se dedicaba a aprender de la vida. Sabía de política, de música, de Historia, y él fue quien me instruyó, conversando».

Pero le viene también de su propia historia y de decir siempre la verdad. Fue una niña religiosa o «virtuosa», como ella misma dice: «Yo era senadora de Hijas de María, de los Jueves Eucarísticos, de los Trece martes de San Antonio, de los Siete domingos de San José... Pero luego esto acabó repugnándome». Cuando se dio cuenta de que todo aquello era producto de un miedo inculcado a la condena divina predicada por los frailes, y porque el Movimiento la multó por inmoral, por enseñar sus muñecas en la iglesia con una rebeca de manga francesa.

La multaron también por izquierdista, lo que aceptó como un honor («yo siempre estuve con los obreros que sudaban en el puerto las camisetas rotas, sigo estándolo»). La envidiaban, dice, por su clase social y sus ideas progresistas, y por su agraciado físico. Cuenta que cada vez que visitaba A Coruña le seguían los de la secreta.

Reivindica María Amelia para sí el título de la activista socialista de mayor edad en el país. Lo ha hecho en mítines de PSOE y en todo foro donde le hayan escuchado, se lo dijo a Alfonso Guerra y a Ramón Rubial en persona. «Yo soy socialista desde los ?6 años, pero mi padre me hizo jurarle que no me afiliaría nunca al partido, porque habíamos visto muchas atrocidades, como el asesinato de unas maestras de Corcubión. Mi padre era un dictador, con los horarios, las costumbres, y siempre quiso cortarme las alas, pero era republicano por oposición a los caciques locales que se hacían ricos especulando con préstamos».

Reivindica también a viva voz el olvido y el perdón: «Yo soy cristiana de las de verdad». Cuenta una anécdota que podría resumirlo todo. A su familia, republicanos liberales, los salvó en el 36 el hijo de un comandante que a buena hora llegó a veranear a la villa marinera; ahora, 7? años después, un sobrino de aquel señor se ha convertido en uno de sus blogueriños: las vueltas de la vida.

Remitentes airados. Pero, aunque perdona, difícil le resulta evitar remitentes airados que parecen aguardar en casa con el mosquetón, llenos de ira, porque celebra el espíritu navideño, o porque alienta la igualdad o la justicia solidaria, o porque desvela su intención de voto o alaba a Gallardón: opiniones, sin más. «A uno de ellos lo puse nuevo, quería hacerse famoso en mi blog, porque el suyo nadie lo visitaba, porque decía cosas incoherentes. Yo elijo a mis amigos, a los que no me gustan no les contesto y dejan de escribirme [doy fe, a mí misma me costó tres meses ganarme su confianza para hacer esta entrevista]».

Se estarán preguntado los profanos qué cosas les cuenta la abuela a sus blogueros. Pues cosas de la vida. Alienta por ejemplo la solidaridad entre los ancianos y ya le gustaría a ella, ya, tener aún vitalidad (que la tiene) para organizarlos contra el ostracismo al que les condena el establishment y la vida moderna: «Las viejas hoy mueren en el sillón, con la pastillita, despiertan y les dan un vaso de leche y otra pastillita, y pasan el final de sus vidas sin enterarse de lo que ocurre en el mundo. Yo me armé de fuerzas, reivindiqué mis derechos y mis deberes, y me levanté».

Al menos, ahí está su ejemplo, para que quien quiera lo siga: contra los límites del tiempo, las barreras de la edad y el conocimiento. «Les digo a todos los hijos: ‘En vez de meter a tu madre en una residencia, regálale un Internet, que aprenda a vivir en el mundo de hoy’. A las viejas se las arrincona».

"El mundo es precioso". También les habla en el blog, o les vierte, su ideario político y social, claro, y cuenta la Historia, que es la suya, con minúsculas. Y su visión del mundo. «Hoy hay más cultura y más información, pero hay también mucha inquina. ¿No viste lo que pasó en el Parlamento? Y antes daba gusto, escuchar tanto a la derecha como a la izquierda, Maura o Azaña. El mundo es precioso, Dios nos puso en un paraíso y yo ya no iría al cielo, me quedaría aquí si hiciéramos un mundo para todos. Pero hay demasiada ambición de dinero y de poder, nos hemos vuelto todos más egoístas. Hay asuntos por los que no me callo aunque me maten, como la denuncia contra quienes invadieron y masacraron Irak por el petróleo: esos ya están en el infierno».

Tal vez no sea más terrible el odio que hoy nos enfrenta, dice, testigo de una contienda fraticida, «pero entonces no había cosas como las bombas de racimo, que matan indiscriminadamente. Y eso lo vi yo caer sobre Bagdad, niños sin brazos, sin ojos... Tuve que dejar de ver la tele, porque estas cosas me hacen mucho daño y ya he visto demasiado en la vida».

Ella vuelca sus ideas, francas, despiertas, y los blogueros, «mis blogueriños», se encariñan con ella, la elogian, gente entre ?3 y 80 años. Las vuelca como le salen, sin prepararlas, con la sinceridad que siempre la ha movido. Y es tal vez esa naturalidad, además de la proeza de romper los límites del tiempo, lo que premiaron los internautas, visitantes de un blog que ni siquiera ella o su nieto saben quién presentó a concurso. «El mundo da muchas vueltas», dice María Amelia. Y ella se ha montado a la última.

martes, 22 de enero de 2008

Dolor Cubano


Estos días recibí dos novelas de la americana, de la cubana, "Jeyla". Y te digo que me mandó dos novelas muy bonitas escritas por ella. Es una señora muy inteligente, pero como yo tengo muy poca vista y cuando leo me lloran mucho los ojos, nada mas que leí uno de los libres y entre mañana y pasado leeré el otro. Yo hoy leí "Dolor Cubano, Fidel Castro sin decir adiós". Janett Camps fué la que me mandó dos libros desde "Nueva York" (1).

Es muy cariñosa y una gran escritora, una mujer de mucho talento y un alma sana, de las pocas que hay. Porque ella estuvo en Cuba a ver si le iba bien el régimen de Castro, pero vió que era un desecho y tuvo que marcharse. Se tuvo que marchar para "Nueva York" (1) con sus maridos y sus hijos y en América la estaba esperando su madre, toda elegante vestida, y ella quedó pasmada. Porque en Cuba un mes trabajando era un sueldo sólo para comprar unos zapatos. Y las pasó negras en Cuba. Pero ella así todo ama a Cuba.

Y Dios quiera que Cuba vuelva a lo suyo, que ahora Fidel está enfermo, y a ver si Cuba se levanta. Y quiera Dios que a la americana le pase esa obsesión que tiene, porque debió sufrir mucho en Cuba, y aún sigue con ese sentimiento, porque es muy patriótica. Y ella claro, "Nueva York" (1) es una gran ciudad, con un lujo espantosísimo, por lo que se explica ella, pero ella ama a su patria, tiene sus raíces en Cuba. Y Dios quiera que algún día pueda ir a disfrutar de su tierra.

El otro libro se titula "Humanas Among Dog", que trata de unos perros de ella que tuvo. Debe estar interesante, pero aún no lo leí. Leí "El Dolor Cubano" y me gustó mucho. Y está muy bien escrito.

Es una mujer inteligente y muy buena.

Muchas gracias por haberme mandado estos libros. Dentro de unos días te hablaré del que escribes sobre tus perros. Pero tengo que descansar un poco porque cuando leo me lloran mucho los ojos, y por eso tengo que leer en varios días.

Un besazo

http://www.mydreamsconcuba.com/


(1) Donde dice Nueva York debiera decir Miami.

Vaya talento

http://www.unap.cl/p4_unap/site/artic/20060904/pags/20060904103421.html
http://diario.elmercurio.com/2008/01/19/nacional/nacional/noticias/942338C6-3B8A-41C9-ADFA-ACEBA6F1128B.htm?id=%7B942338C6-3B8A-41C9-ADFA-ACEBA6F1128B%7D

Gedc, te doy las gracias por haberme informado de esa señora que debe de ser muy inteligente, que a sus cerca de 90 años, termine su carrera. Es un ejemplo para todos los ancianos. Mujeres así valen la pena tenerla en nuestra sociedad. Y para que vean las ancianas, que aún siendo muy anciana, se puede estudiar una carrera.

Hay personas con ese talento y esa sabiduría, y yo te agradecí que me lo pusieras en mi blog, porque así me enteré de una cosa que me agradó muchísimo. Vaya talento. Y que fuerza de voluntad, para seguir trabajando su vida e ir en varias etapas estudiando su carrera. Porque ella dejaba su carrera para hacer bien al prójimo y a sus familiares. Y eso no todas hacemos eso. Aí que mi enhorabuena a esa señora y a tí darte las gracias por habermelo puesto en mi blog.

Gede, te quiero mucho, bueno que no se cele tu novia.

domingo, 20 de enero de 2008

Fotos de Cine


¡Ay que guapisima!. Esa es mi foto que le compre para darle la primera de novio a mi marido. Y dice que sali muy mal, que saliera fachosísima. Y que guapa estoy y allí saliera malísimamente.

Esta foto la hice para regalarse a mi marido cuando era novio mío. Que quiso que hiciera una foto y fuí a La Coruña a hacerla. Le llamaban Fotos de Cine. Pero yo no saliera nada bien, porque me saliera la boca torcida y todo eso. Pero yo era guapísima de cara, no es por decirlo. Era pequeñita, pero una cara y un pelo precioso.

viernes, 18 de enero de 2008

No hay un hombre que no engañe a su mujer

Yo...me gustan los premios, porque he de ser hipócrita. Pero más me gusta vuestras cartas maravillosas. Y qué cosas tan grandes decís. De los hijos, como se educan ahora. Claro, que es muy difícil, porque ahora para educar a un hijo hay muchas cosas alrededor, que a veces se van por caminos que no deben ir. Y el padre tiene que estar alerta para encauzar a sus hijos. Ya lo creo. Y a veces llevamos desengaño, porque en la vida también hay muchos desengaños.

Mire, cuando yo me casé, iba toda ilusionada. Y tenía 32 años, no era ninguna niña. Pero era una época más inocente que hay ahora. Íbamos al matrimonio como unos angelitos. Sin maldades, sin rencillas, una educación tan distinta a la que hay hoy. Y nuestra madre me dijo un día.

- ¿Tú te quieres casar?
- Sí, ya tengo novio, mamá. Si no fuera por esta guerra que hay, ya casábamos. Pero él tiene que hacer oposiciones, y lo tildan de rojo, que no era, que él no tenía ideas políticas, yo sí, pero él no.

No podía opositar, y estuvimos esperando a que él tuviera posición para casarnos. Y nos íbamos a casar y me dice mi madre.
- Tú llevas mucha inocencia, pero date cuenta de que tu novio te quiere mucho, mucho, pero te casas y te ha de engañar.
- ¿Engañar?, Mamá, tú que me dices.
- Sí, porque te seguirá queriendo, pero no hay un hombre fiel a su mujer y yo quiero que tú lo sepas.
- ¿Y luego papá no fué fiel contigo?
- Callar y punto, dijo ella.

Y efectivamente, de muchos señores que yo creí que eran padres excelentes, serían, pero por detrás se las hacían gordas a las mujeres. Y callaban antes, porque la mujer no estaba tan liberada como ahora. Porque hoy la mujer tiene la misma pocisión que el hombre. Tienen carreras igual que el hombre, tiene puestos como el hombre. Y antes no, todo era el hombre, todo era el hombre. Y así abusaron de muchas mujeres.

Porque ahora dicen muchos sacerdotes: "Es que ahora no hay madres." Sí que hay madres, pero como ya vieron a sus madres lo que les pasó, ya están alertas y no aguantan tanto como aguántabamos las de antes. Y no está bien tanto aguantar tampoco, yo tampoco me voy con las de antes, con lo que era yo. Me voy algo con las modernas, no en todo, pero en alguna cosa sí.

Si me desprecian por otra, quédate ahí que adios muy buenas, sería mi contestación. Pero no lo podían hacer, porque estaban cargadas de hijos, no tenían posición para ganar la vida, y aguanta a ese hombre, que ya le querrían la mitad. Porque yo si sé que mi marido me engañó, a lo mejor me engañó, naturalmente, no sé, pero nunca me enteré. Si me llego a enterar no tendría la paciencia que tuvieron nuestros familiares y amigos y personas, que aguantaban al marido todas las que le echasen.

Una vez un sacerdote me dijo "Ahora no hay mujeres de hogar." Y dije yo: "Claro, porque vieron que sus madres sufrieron tanto que ahora ellas quieren hacer lo que les da la gana. Ahora se pasan, pero no les toman el pelo como nos lo tomaban antes."

Pero yo ya no fuí engañada, porque mi madre me lo advirtió. No hay un hombre que no engañe a su mujer. Ya lo ven ahora lo que está pasando, bien conocidos, ¿eh?.

Los que pueden, tienen dinero, tienen más. Y los otros se contentan con menos. Y dicen son más buenos. Son porque no tienen dinero para vivir sus vidas. Cuantas realidades se podían hablar, pero más vale callarlas, ser prudentes.